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Park Min-gyu

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Para el novelista Park Min-gyu, el año 2003 fue muy especial, tanto que obtuvo dos premios literarios: el Premio Literario de Escritores Noveles de Munhakdongne por su novela El último club de fans de la super estrella Sammi, y el Premio de Literatura de Hangyoreh por otra de sus novelas, La leyenda del corazón de los héroes. En la primera, reflexiona sobre el capitalismo que tanto deshumaniza y lo hace através de Sammi, el equipo más débil de la recién fundada Liga Profesional de Béisbol; y en la segunda, caricaturiza y critica el dominio de los Estados Unidos sobre el mundo, al estilo de las mangas de super héroes como Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Aquaman, etc.

 

Con estas dos novelas, Park Min-gyu se sitúa como escritor dentro del panorama literario nacional, pero su fecunda carrera, con obras tales como Castella, Ping pong y Pavana para una infanta difunta, lo han elevado a la categoría de uno de los mejores escritores de la década del 2000 en la literatura coreana. 

 

Sus novelas son, para el autor, laboratorios en los que experimenta estilos muy variados. A veces, cambia un párrafo a mitad de la frase y otras veces, introduce formas de escritura, propias más de un blog de internet. En Ping pong juega con el tamaño de las letras para expresar el tono del diálogo e introduce ilustraciones, aun cuando no es del todo necesario para la descripción de la historia. En Pavana para una infanta difunta imprimió la narración femenina de color rosa y la masculina, de azul. Además en la cubierta del libro, anexó un CD de BGM (música de fondo), recomendándolo para la lectura. Además de estos experimentos de estilo, son obras llenas de imaginación donde aparecen mapaches cubiertos con una toalla en un baño público, una nevera que vocifera como los hinchas, objetos voladores no identificados que dejan una gran grop circle sobre un campo de maíz, viajes al espacio en autobús con Ringo Starr, miembros de los Beatles o incidentes en los que el luchador nortemerica no Hulk Hogan aparece, hace algunas de sus llaves y desaparece; y otras cosas por el estilo. Son, en definitiva, libros donde laten situaciones muy peculiares contadas con un estilo sensual y humorístico, pero donde también hay una severa crítica al capitalismo, apoyo incondicional al perdedor y mucha imaginación Kitsch. Sus novelas parecen estar sustentas por la misma idea: la inalterabilidad o imposibilidad de cambio del mundo. Por un lado, su interés por los vencidos, por los marginados y desfavorecidos, y, por otro, su crítica contra la sociedad contemporánea, pero vistos como inalterabilidad vital. El capitalismo, extendido por todo el mundo, coloniza y domina nuestras vidas, exigiéndonos velocidad, competitividad y estandarización; y lo peor es que este sistema de dominio y presión avanza y resulta inevitable. En su cuento, Los estándares coreanos, se presenta un objeto volador no identificado (OVNI) que deja sobre un maizal una gran  crop circle con el distintivo de KS, que es señal de producto con reconocimiento de calidad del gobierno coreano, pero que, hoy en día, funciona más como ícono que aprueba la opresiva tendencia a la globalización. Park Min-gyu nos pregunta a través de sus obras: ¿Por qué el mundo sigue sin cam
bios? ¿No hay ninguna posibilidad de que cambie? ¿Acaso estaré yo contribuyendo a esta inalterabilidad del mundo? ¿Qué debería hacer yo para reaccionar?.

En El último club de fans de la super estrella Sammi, hay una clara conscienciación del problema. Durante el primer año de la Liga profesional de béisbol coreano, el porcentaje de victorias del equipo Sammi fue sólo de .125. ¿Que por qué? Según el autor, porque simplemente jugaron al béisbol. Si el béisbol profesional (el capitalismo) los obligaba a coger una pelota imposible de coger, ellos dejaban de agarrar hasta las que podía. Si el capitalismo y el béisbol profesional les exigía jugar inhumanamente o superhumanamente, los de Sammi optaban por hacerlo de la forma más humana, quedando siempre descalificados y convertidos en eternos perdedores, una forma de vida más humana, por paradójica que parezca, y libre del sistema capitalista. 

 

No parece haber escapatoria. El capitalismo es como una jaula cada vez más sólida. Tendríamos que ser super héroes como Superman, tener poderes sobrenaturales o una belleza sobrecogedora para conseguirlo. Si no es así, deberíamos estar contentos con la vida anodina y estandarizada a la que nos condena la sociedad. No es fácil sobrevivir de otra manera. Todo el que no consigue llegar a los parámetros capitalistas: competencia, velocidad y estandarización, es un vencido, pero la gente acepta esas reglas de juego sin resistencia, y Park Min-gyu busca su por qué a través de la escritura.

Según Pavana para una infanta difunta, el capitalismo demanda hasta patrones de belleza. El problema reside en que todo el que esté fuera de la ideología look es excluido pero esa misma exclusión es lo que hace que criterios como ésos persistan. La razón es simple: la envidia y la 
vergüenza. Envidia del patrón de belleza y vergüenza por no alcanzarlo. Entonces, ¿cómo erradicarla? El novelista sugiere no atacar al “lookismo” sino acentuar su trivialidad y su sinsentido. La oposición sólo traería su fortalecimiento, de manera que para anularlo, propone una simple actitud 
sardónica que demuestre su insignificancia y ridiculez. Por supuesto, no podemos esperar que lo sugerido por Park Min-gyu sea la solución al capitalismo y sus desviaciones, pero, aunque como decía Frederic Jameson, la literatura no puede cambiar la realidad, sí puede ayudarnos a soñar con la posibilidad de cambiar y mejorar el mundo en el que vivimos, imaginar lo imposible y perseguir una nueva solidaridad que nos comprometa con la vida. Ése es precisamente el papel de la literatura y por ahí anda Park Min-gyu con la suya.

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